La construcción de la Ermita de Santa Ana carece prácticamente de motivos ornamentales, su fachada noble realizada en sillería posé un relieve que presumiblemente representa a los Santos Abdon y Senen.

Actualmente no se conserva la cubierta primitiva, quedando al descubierto las bóvedas originales que, pese a no haber sido construidas para estar al aire libre, dotan a esta construcción de gran singularidad. El resto de fachadas se construyen en mampostería con mortero de cal. La única entrada de luz al interior se produce a través de la puerta de acceso y de dos pequeñas ventanas. En el interior, un arco de sillería divide el espacio en dos tramos. El altar tiene un escudo de escayola y un mosaico de Santa Ana.

Al inicio de la guerra civil, la ermita fue asaltada y acabó destinándose como almacén de leña y pienso. El abandono de esta reliquia durante décadas la condujo a un lamentable estado de degradación, pero en los años 80 fue donada al ayuntamiento por la familia Selles García, propietaria de la ermita por aquel entonces. En la década de los noventa fue restaurada por el consistorio municipal.

Finalmente en el año 2001 se inauguró nuevamente, y comenzaron a celebrarse todos los años una romería con la imagen de Santa Ana, que transita entre la iglesia de Sant Joan y la ermita.

Una placa cerámica en su interior conmemora el pasaje histórico que supuso la donación y rescate de la ermita. Aquel periodo oscuro de olvido y abandono pudo haber supuesto la total desaparición de esta noble construcción.