La finca El Jabalí consta de dos alturas. La construcción se configura mediante dos cuerpos, uno delantero y otro trasero con sendas cubiertas a dos aguas diferenciadas. La planta superior se retranquea en el cuerpo trasero para conformar una terraza corrida. Debido al cambio de uso de la edificación, se han producido modificaciones que han afectado principalmente a la tabiquería, aunque manteniendo los elementos estructurales funcionales básicos, de forma que es reconocible la disposición inicial. El suelo aún conserva la cerámica original y en él podemos leer las huellas de la antigua tabiquería. Las cubiertas de teja plana se apoyan sobre unas ménsulas de madera.

Orientada al camino de acceso se encuentra la fachada principal, tiene una composición geométrica muy original, caracterizada por la disposición de los huecos con gran variedad de tamaños. Llama especialmente la atención la enorme dimensión de los dos ventanales de la planta noble, separados por un portaluz intermedio. Los paramentos son blancos con un recercado verde en los vanos. Como elementos ornamentales destacan los azulejos dispuestos en los alféizares de los huecos en la fachada principal, característicos de finales del siglo XIX.

Parte del patio delantero se ha convertido en el parking del restaurante donde podemos observar un limonero y una enfilada de setos que corre en paralelo a la carretera. Junto a este espacio se conserva un espléndido almez de casi cien años. El almez abriga uno de los espacios exteriores más impresionantes del municipio, una inmersa pérgola tupida de vegetación tapizante, que proyecta sombra sobre la terraza del restaurante junto a una zona de barbacoas. Cuando el calor arrecia, este lugar tiene un microclima muy agradable, y en épocas señaladas como Santa Faz se convierte en un oasis para los privilegiados que puedan acceder a sus instalaciones. Palmeras, jacarandas, alineaciones de cipreses y un sinfín de arbustivas y tapizantes complementan los jardines otorgando al conjunto gran singularidad y belleza.