Finca Nazaret se divisa desde un conglomerado de calles por los que nadie transita. La red de avenidas sin estrenar se superpone a los trazos agrícolas de la partida de Benimagrell, dejando ver las antiguas plantaciones de olivares o los restos del Camí Real de la Vila Joiosa, donde se encuentra la entrada a la hermosa finca. A ella se accede a través de una portada de sillería con un arco, rematado por un entablamento adintelado, bajo un pináculo decorado con volutas de diferentes tamaños. Una puerta de forja verde y engarces florales sirve de soporte a las letras “Nazareth”, junto con un cartelito que nos recuerda que está prohibido acceder a la propiedad.

Pese a que Nazaret se encuentra actualmente abandonada, durante siglos simbolizó la oligarquía alicantina. Sabemos que a mediados del siglo XIX su propietaria era de Dña. Agripina García de Ferrándiz, y a comienzos del siglo XX era su dueño D. Juan Rubert Orts, quien fue concejal del Ayuntamiento alicantino. Como terrateniente, luchó además por la llegada de las aguas Riegos de Levante a la Huerta. En su día, el párroco de Benimagrell agradeció a la familia Orts las reparaciones realizadas en la vecina ermita de San Roque.

Las considerables dimensiones de la construcción son una buena muestra de la importancia que tuvo la finca. También destaca el acceso noble de la vivienda que estaba en el piso superior, y al que se accedía por una bella escalera situada en la fachada sur, hoy desaparecida. La hacienda estaba asociada a la explotación agrícola, pero los diversos cambios de usos tuvieron como consecuencia numerosas reformas realizadas en el siglo XVIII y en la segunda mitad del siglo XIX.

Protagoniza el interior un amplio vestíbulo de dos crujías comunicadas por un arco de medio punto. La escalera está dispuesta en este espacio y su desembarco tiene continuidad en una larga galería. Como acabados destaca el pavimento formado por piezas cerámicas de ladrillo, dispuesto en espiga, con una “doble ese” grabada en la cara vista. Los antepechos de la escalera se conforman mediante baranda mixta de madera y barras de hierro forjado en cuadradillo. La techumbre es adintelada, y en el vestíbulo encontramos un brocal construido con una pieza de piedra. Existe una bodega en un semisótano adosado a la fachada sur.

Los alzados están revocadas en mortero. En ellos se distinguen las reformas mencionadas, apreciándose los gustos decimonónicos en los recercados de los huecos con molduras de escayola, aunque los balcones posiblemente sean del siglo XVIII.

El jardín en muy mal estado se ubica frente a las fachadas noroeste y sureste, destacando su pinada, también muy deteriorada. El arquitecto D. Santiago Varela contaba en los años ochenta que existía un grupo de cuatro bancos curvos dispuestos alrededor de un enorme ombú. El ombú es un árbol nativo de la Pampa argentina conocido con el sobre nombre de bellasombra. Hoy los bancos parecen despojados de su lugar original, ya que están como dejados caer junto al viejo árbol. El patio noroeste cuenta con una enorme buganvilla, cerca de la casa de los guardas. Este caserón de servicio todavía se encuentra habitado en la actualidad. Llama la atención la presencia de numerosos álamos blancos frente a la fachada oeste, un árbol de rivera que hace sospechar de la presencia cercana de aguas subterráneas, ya que aparentemente gozan de buena salud.

En algún momento del siglo pasado, la finca Nazareth se denominó Villa Dolores. Hoy el barrio de Nou Nazareth se encuentra atrapado entre dos mundos; uno agrícola que hace ya décadas dejó de existir; otro urbano que no acaba de llegar. Solo los fantasmas recorren sus calles pobladas de mobiliario urbano, señales de tráfico, farolas, alcorques sin arbolado y carreteras de asfalto cubiertas de matorrales. En los campos de Benimagrell ya no se cultivan ni vides, ni olivos ni algarrobos. Sus tierras aguardan la llegada de los nuevos vecinos.