Existen varias entradas a la finca pero la principal se encuentra en la calle Benimagrell. Está formada por una cancela de hierro flanqueada por dos machones dando acceso al jardín. La vivienda originariamente era color rojo almagra. La planta tiene forma cuadrangular con un saliente situado al suroeste que se transforma en una torrecilla de baja altura. Originariamente existía un porche apoyado sobre columnillas de hierro fundido. Un arco de entrada conducía a un camino por el que se accedía a una capilla bendecida en 1861. Era un edificio exento de planta cuadrada, pero a consecuencia de una ampliación posterior, acabó con su actual configuración rectangular.

Destaca las cubiertas estilo afrancesado con fuerte pendiente y grandes aleros en la fachada sur, resuelta con ménsulas o canecillos de madera para absorber los vuelos y la crestería sobre las cumbreras cerámicas. En esa misma fachada existe una linterna central circular que otorga gran singularidad a la vivienda. Los elementos de remate de la cubierta se realizan con teja curva, quizás sea una reutilización de tejas anteriores, ya que en el periodo de la construcción del inmueble se solía emplear la teja plana.

Originariamente existía azulejería recercando los huecos de fachada y marcando las líneas de forjado. Actualmente las fachadas están conformadas al más puro estilo decimonónico, destacando las esquinas y forjados pintados en blanco, o los antepechos de hierro forjado, además de los huecos recercados también en blanco. El cuerpo reformado a principios del siglo XX presenta un tapajuntas de madera recortada; un balcón con antepecho de balaustrada, también, de madera torneada y las paredes enfoscadas y acabadas en un tono gris.

La pinada que linda al sur pertenecía originalmente a la finca, y estaba atravesada por una acequia, hoy inexistente, pero aún se conserva en el interior del dominio la balsa de riego que antaño era utilizada como piscina por los jóvenes de Benimagrell.

A mediados del siglo XIX la finca perteneció a D. Luis Caturla y Perea. A comienzos del presente siglo figura como propietario D. Juan Vicente Santafé, quien accedió por consorte a la propiedad, y actualmente a D. Agustín Pastor que la ha rehabilitado como salón de celebraciones conservando su nombre, Villa Ramona.